A diferencia de otros que gustan vestir sus fiestas con un despliegue de fotógrafos para los suplementos de los diarios y las revistas del corazón, Diego ha optado por hacerlo sin medios ni ruido. Diego no necesita corte ni troupé.
El meollo del asunto
Al transmutarse en paparazi, Xóchitl le sirvió un banquete a la mojigatería que no pierde oportunidad para sacar a relucir sus escrúpulos, su superioridad moral, cuando ve juntos a personajes del poder.
Los imagino persignándose y convenciéndose a sí mismos con un: verdad, mano, que nosotros no somos como ellos. O con un: algo malévolo estaban planeando Carlos Salinas y Felipe Calderón (que, por cierto, se saludaron con el mínimo exigible de urbanidad, intercambiaron palabras unos 30 segundos y regresaron a sus respectivas mesas para darse la espalda).
El sábado, la mayor parte de los invitados eran los íntimos y familiares de Diego. Los famosos no hacían mayoría en La Barranca. Eso sí, el común denominador de unos y otros era el cariño al anfitrión.
El sábado, la mayor parte de los invitados eran los íntimos y familiares de Diego. Los famosos no hacían mayoría en La Barranca. Eso sí, el común denominador de unos y otros era el cariño al anfitrión.
Aquí la columna
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