martes, marzo 08, 2005

Se espinan con Espino


Se inicia la temporada de los tapados. Calderón ve así el momento político en su cartón de Reforma.
Y en el mismo periódico, F.Bartolomé ve, en la columna Templo Mayor, como uno de los principales damnificados de la elección de Manuel Espino en el PAN, a Felipe Calderón:
EL TRIUNFO de Manuel Espino como presidente nacional del PAN trae espinados a los panistas.

DE ENTRADA porque uno de los principales damnificados en esta elección fue Felipe Calderón Hinojosa, pues apoyó al candidato perdedor y porque todo su equipo fue desplazado de la cúpula panista.

EL OTRO PUNTO es el de la relación con Vicente Fox, pues es claro que Espino no era el candidato de Los Pinos para hacerse cargo del PAN.

MÁS DE UNA VEZ el Presidente comentó en corto que si algo le desagradaba de Espino era su amistad con Alfonso Durazo.

Sin embargo, las asperazas con Los Pinos parecen estar limadas con el encuentro entre Marta Sahagún y Manuel Espino, (a quien Naranjo caricaturiza como manco en su cartón de hoy, a la izquierda: la leyendo reza: Dice que es de extrema derecha) según apunta El Universal en la columna Bajo Reserva:

El encuentro sostenido ayer entre Manuel Espino y Marta Sahagún de Fox precisará diversas lecturas con el paso de las semanas. Pero es conveniente adelantar las primeras interpretaciones. Espino fue el principal obstáculo para que la señora Sahagún arribara el año pasado al Consejo Nacional del PAN.
La bloqueó, y para ello no esgrimió argumentos ideológicos o políticos. Simplemente echó mano de insultos. Existe más de un registro con comentarios tanto de la señora de Fox como del propio Presidente, marcando irritación por las posturas del entonces secretario general del PAN, cuyos seguidores aseguraban entonces que a más agresiones contra Marta, mayor popularidad cobraba Espino entre las huestes del blanquiazul.
Cuando el clima se tornó en realidad tenso y era evidente el malestar en Los Pinos, Espino intentó enderezar las cosas y envió un emisario a La Cabaña, ofreciendo a Sahagún un puesto de consejera por designación de la dirigencia panista, planteamiento que fue recibido con absoluta frialdad.
Mucha agua ha corrido bajo ese puente, y ayer Espino ya en su carácter de dirigente nacional panista invitó a Marta Sahagún a realizar activismo político en el interior del PAN, lo que atrajo una respuesta prudente, que sin embargo dejó entrever a una Marta interesada en la proyección partidista por lo que seguramente traerá el 2006.


A propósito de Los Pinos, Magú publica este cartón en La Jornada:


El diálogo va así:
Fox: Nos fue bien en el partido
Creel: (con un cartón bajo el brazo que dice: Yo para el 2006) ¿En el PAN?
Fox: (con un legajo titulado Reforma Energética) ...y en el PRI

Sobre este tema de las relaciones de Espino con Los Pinos, concretamente con Marta Sahagún, Ciro Gómez Leyva escribe un artículo en Milenio en el que afirma que la parte más engreída del panismo subestimó, si no es que francamente despreció al que ahora es presidente del partido:

Se equivoca seriamente el señor Manuel Espino al expresar juicios al vapor sobre el futuro político de Marta Sahagún. Se equivoca tres veces, cuando menos.

Dijo en una entrevista publicada en MILENIO Diario que la posibilidad de que la primera dama sea candidata del PAN a la Presidencia de la República es muy remota, “ya que los mexicanos no estarían de acuerdo en perpetuar el interés de una familia”.

El primer error de Espino es hablar a nombre de los mexicanos, pues a una parte significativa de ellos, la señora Sahagún no les parece un personaje tan antipático como, por lo visto, le parece a él. Como botón de muestra, el señor Espino puede consultar la encuesta que desee. La señora es querida y muy popular. ¿A nombre de qué mexicanos, entonces, de qué entelequia, de qué panistas, tomó esta frase: “No es bien visto por los mexicanos que el esposo o la esposa de alguien que está en el ejercicio del gobierno pretenda ser su sucesor”?

Su segundo error es aventurarse a afirmar que “la postulación para 2006 se otorgará, no a quien sea más popular, sino a quien tenga el perfil adecuado para abanderar la causa del PAN”. Juicio desacertado, porque va en contra de la lógica elemental de postular al candidato que tenga la probabilidad más alta de ganar, y porque es digno de un iluminista universitario pasado de moda: no es la gente la que tendrá la última palabra, sino nosotros, un pequeño grupo que sabemos qué es lo que le conviene al partido y al país. Ese no era el discurso del PAN, pero parece que los tiempos están cambiando.

Y el tercero, garrafal: ¿Si una mayoría de mexicanos quisieran perpetuar a una familia en el poder, o si cuando menos quisieran dejarla en el poder seis años más, ahí estarían los líderes del PAN para impedirlo? Por supuesto que no. Si por uno de esos accidentes de la historia, Marta Sahagún dejara atrás en las encuestas a Andrés Manuel López Obrador, Espino y compañía se tragarían palabras, furia y envidias, inclinarían sus cabezas y se declararían línea de apoyo del proyecto sahagunista.

Con cambios mínimos, los párrafos anteriores se publicaron en este espacio el 12 de enero del año pasado, cuando una desbocada Marta Sahagún parecía absolutamente fuera de control en sus aspiraciones presidenciales.

Y los panistas, unos por disciplina estilo priista, otros por miedo, unos más por simpatía con la señora, unos cuantos por cálculo electoral y la mayoría porque no tenían idea de lo que en realidad estaba ocurriendo, prefirieron mantener la boca bien cerrada.

Pocos tuvieron el valor de salirle al paso. Nadie fue más claro, inteligente y categórico que Manuel Espino, entonces secretario general del PAN. Su crítica fue visionaria, pues la señora Sahagún caería en tantas contradicciones que, cuando seis meses después (julio de 2004) anunció que no buscaría la candidatura presidencial, su decisión pareció ser la más lógica posible, la única que tenía al alcance de la mano para evitar y evitarse un desastre monumental.

Pero en enero de 2004, sólo Espino y un puñado de blanquiazules le llevaban la contra en público a Marta Sahagún. Quizá en ese momento comenzó a forjarse un liderazgo, el de Manuel who?, que la parte más engreída del panismo siempre subestimó, si no es que francamente despreció.

Para remachar el tema, ahí mismo en Milenio, Marcela Gómez Zalce, afirma que la máquina azul enciende los motores. Y para variar, sale a relucir también el choque de trenes:

Time to fight fire with fire, mi estimado. Ha llegado la hora en que, juntos, la nueva dirigencia del PAN, con Manuel Espino (a quien Nerilicón ve con una extraña cabeza en su cartón de El Economista. La leyenda dice Manuel Espino a sus órdenes) a la cabeza, y Los Pinos definan y cierren filas alrededor del incómodo asunto sobre el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, pues el bullicio mediático ha cruzado fronteras y más de uno on the other side se pregunta cuáles serán las consecuencias de la temeraria decisión —cualquiera que ésta sea— el día después.

La concurrencia pregunta con mucha sorna (y palomitas en la mano) cuál es el escenario, a estas alturas del partido, más costoso para el gobierno federal y el PAN. Seguir adelante con la insensatez, mis chiquillos, o de plano sonar la retirada. Una vez más, to be or not to be... in trouble.

Sin duda, la intrépida inclusión de Marta Sahagún como miembro permanente de la Comisión Política panista tiene variadas y simpáticas señales pero una es bastante clara, pues. Las fichas y el capital político (and beware... la agenda) de la primera dama serán aprovechados al máximo para ayudar (y apostar), entre otras cositas, en todo lo relacionado con la elección del Estado de México, con Rubén Mendoza Ayala, y después, para la grande, a quien vaya de puntero en las encuestas. Y a la fecha, my friend, el único que sigue con pulso es Santiago Creel and what happens next todavía está por verse.

Lo chistoso, amable lector, es que a raíz de la derrota de Carlos Medina & Co. no son pocos los funcionarios federales que tienen, literalmente, cara de what? y una profunda preocupación. Porque, además de haberle apostado su resto al ex gobernador guanajuatense, muchos ya se sentían muy seguros (y bien valientotes) con el santo fuero a partir de 2006 para seguir armando sus fiestas y cometiendo algunos excesos y travesurillas.

El simpático problema se le va a presentar, más pronto de lo que se imagina, a la nueva dirigencia azul. Porque, por una parte, ciertos personajes ya tenían maleta y planes armados para irse a cualquiera de las Cámaras, y con el triunfo de Espino están, digamos, bastante intranquilos acerca de su futuro (por su pasado). Algunos de ellos, mi estimado, tienen singulares ligas con la familia Fox y todavía falta que el respetable sea testigo de ese extraño quiebre en el inner circle presidencial.

Porque la bolita de nieve amenaza con convertirse en avalancha si no es atajada con rigor, rapidez... y mucha negociación. Hay varios asuntillos en el tintero azul a los cuales tendrá que enfrentarse este renovado PAN rumbo a 2006. So please read with awareness.

En los primeros diez lugares de popularidad de la ocurrente lista se encuentra el caso de los Amigos de Fox, donde parece ser, a simple vista, hay algunos hoyos (azules tirándole a negros). La sana (¿?) distancia entre Lino Korrodi —quien, por cierto, acaba de ser abuelo por sexta vez de una hermosa y saludable niña llamada Estefanía Baeza Korrodi— y la enamorada parejita presidencial parece ser cada vez más insalvable, y ya ni hablemos de la que existe actualmente con los hombres cercanos al Ejecutivo.

El problema en estos peculiares casos se desprende, my friend, cuando alguna de las partes en su momento didn´t deliver y, por consiguiente, se cometió el error de querer juntar la magnesia con la gimnasia. ¿O sea?

Dos muy delicados asuntitos enlazados en una misma pícara negociación para tratar de encontrar la fórmula de cómo vivir felices ever after pero, con la pena compadre, la realidad (y circunstancias) es bastante cruda, brutal e inclemente. And someone will definitely pay for the slip-ups.

Con la llegada de Manuel y la renovada actividad política de Marta, es bastante predecible el choque de trenes (llenos de documentos y confesiones) y el escándalo que se avecina.

Si, además, a la exótica mezcla le agrega que desde algunas oficinas gubernamentales varios son los traviesos (no names... for now) que ya andan concentrados planeando su propia tenebra —for survival y reciclaje, por supuesto— con la cúpula de otro simpático partido, el desenlace (y el script) es digno de novela del célebre autor desaparecido Mario Puzzo.

En Los Pinos —y otras disciplinadas dependencias— ya tienen la simpática radiografía del problemón; ahora resta esperar los tiempos en que harán los movimientos cual juego de ajedrez. Una cosa es bastante obvia: nadie moverá su ficha hasta después de que se resuelva el mentado y absurdo desafuero... aunque, claro, no olvide que a veces una batalla lo decide todo, y a veces la cosa más insignificante decide la suerte de una batalla.

Por cierto que quien de plano se aceleró con los cambios en el PAN fue el candidato a gobernador del estado de México. Pepe Grillo lo reporta en La Crónica:

Al ganar la candidatura mexiquense del PAN, Rubén Mendoza se sintió gobernador, y decidió, sin consultarlo, que Luis Felipe Bravo Mena, sería coordinador de su campaña.
Y se lo dijo a los periodistas.
No contaba con que Bravo Mena tenía planes en la diplomacia, y saldría a desmentirlo.
¡Ah!, Mendoza también dice que tiene en la bolsa al ex líder del PRI estatal, Isidro Pastor.
¿Será?

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